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Intercambio cultural via Internet - Oportunidades y Estrategias Foro en red, Casa de las Culturas del Mundo, Berlín |
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| Armin Medosch: Internet caliente y frío | ||
![]() De todas las expectativas, mitos y utopías sociales, expresadas en los albores de Internet, lo que ha quedado prendido con mayor obstinación en la imaginación colectiva, es lo que en inglés se llama »empowerment«. La estructura del medio, en la que estaría superada la antigua estructura de comunicación transmisor-receptor, en favor de una comunicación de uno a uno, pondría en manos de grupos anteriormente malparados un poderoso instrumento para auto-organizarse y para reclamar sus derechos. Esto es a la vez verdadero y falso. Falsa es la percepción ampliamente difundida, que Internet per sé determina este u otro efecto. Internet en sí misma no provoca efectos ni buenos ni malos en forma automática, sino que se producen recién en base a su utilización. Y su uso depende sobre todo del contexto social. Demasiadas condiciones previas deben ser cumplidas: los individuos deben saber leer o escribir (mejor aún en inglés), deben poseer equipamiento electrónico o acceso al mismo y tener al alcance una conexión telefónica confiable y barata. Estas precondiciones, que en Occidente nos son casi sobreentendidas, no se dan así en todo el mundo. Un pequeño artículo del Financial Times hace aprox. un año - en realidad era una nota al margen - revela esto en forma elocuente. Dice allí, que la recientemente privatizada empresa telefónica de Sudáfrica instaló desde 1994 apenas 150.000 nuevas líneas de teléfono. Esto afecta sobre todo a la población negra. Mientras que a 100 blancos les corresponden 64 líneas de teléfono, por cada 100 habitantes negros solamente 3. Esto sería uno de los peores legados del apartheid, se lee en el FT. Cuando crezca por lo tanto el número de usuarios de Internet en Sudáfrica, es predecible inmediatamente en qué sector de la población - entre los jóvenes blancos de clase media educada en las áreas de concentración urbana. Si desigualdades existentes han llegado a tomar formas tan extremas como en el sistema del apartheid, no va a contribuir Internet en lo más mínimo, a subsanar estas disparidades, sino que por el contrario las reforzará. Es necesario considerar al respecto, que Internet no está libre de ideología. Gran parte del »empowerment«- y de los mitos de liberación fueron forjados en la costa oeste americana. Así aparece a menudo la Internet como un fardo ideológico, un compuesto de disensión organizada (cultura rock y pop underground), individualismo reforzado por fantasías »nerd« y »hacker« y una especie de transnacionalismo, atractivo sobre todo para jóvenes de zonas metropolitanas y matizado con remanentes de cultura popular norteamericana (léase MTV). Mientras que estos elementos determinan la imagen »hip« (de moda) de la Internet, tienen vía libre para sus empeños de expansión las grandes empresas multinacionales de tecnología y telecomunicación. Internet se podría convertir de esta manera en conductor de aquella forma de globalización, que acarrea tanto daño a las economías y culturas locales anteriormente protegidas. »Estar conectado«, no significa únicamente tener acceso completo a la red global, sino también en sentido contrario, que todo el mundo se venga encima. Qué hacer entonces, renegar de todo? Por supuesto que no. Porque es cierto que a la vez Internet brinda posibilidades de organizarse y de llevar a cabo con éxito campañas en contra de adversarios aparentemente invencibles. La presencia en Internet de los zapatistas de Chiapas es un ejemplo, el deterioro de imagen en la opinión pública de Shell (también denominado el »síndrome Brent Spar«), otro más. Por medio de redes telefónicas satelitales globales será posible en un futuro próximo, retirarse a lugares remotos y permanecer »conectado«. Ventajas para la industria local, grupos de derechos humanos y artistas están a la vista. Pero estas »ventajas« son siempre relativas, comparadas con las desventajas hasta ahora dadas. Sacar de allí las conclusiones falsas significaría contribuir a la agenda neoliberal, que también destaca la autoayuda y el comunitarismo con el que se vende la Internet. Para enmendar las desigualdades existentes, es menester asir la prenda desde otro lado, del lado de aquellas instituciones y convenios internacionales y multilaterales que regulan las relaciones económicas internacionales como WTO, IMF, banco mundial, GATT, etc. La política de estas instituciones es definida por Occidente de acuerdo al propio provecho. Los esfuerzos de recuperar terreno de los »mercados emergentes« y el desarrollo de una sociedad pluralista y democrática en estos países, lo que por otro lado depende de la existencia de una amplia clase media con acceso a educación y a los recursos sólo progresarán, si en la esfera internacional se infiltra otro tipo de lealtad. El Occidente, bajo tutela de los EE.UU., ha sabido evitar esto hasta ahora, prefiriendo en cambio venderle al Tercer Mundo un par de conexiones a la red, a aquellos que se pueden permitir este lujo. (Traducción: Pat Binder) ![]() Armin Medosch: nacido en 1962 en Graz, Austria, 1983 - 1991, escritor independiente y artista de nuevos medios (esto último con el grupo Radio Subcom). 1992 - 1994 dirección artística del proyecto »Stubnitz Kunst-Raum-Schiff«. 1995 organizador del proyecto Telepolis, Luxemburgo. Desde 1996 redactor de la revista electrónica Telepolis |
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![]() © Los textos son propiedad de los respectivos autores ![]() Foro de la Casa de las Culturas del Mundo, Berlín, sobre el uso de Internet en el intercambio cultural con y entre Africa, Asia/Pacífico y América Latina. 1998/1999 |
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